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300 mil jornaleras enfrentan mayor vulnerabilidad

Por: Angélica Enciso L.

Con la desaparición de Sedesol perdieron asistencia en salud // Patrones incumplen la seguridad social: activista Isabel Nemecio

Teresa es una indígena tlapaneca de la Montaña de Guerrero. Es madre soltera de tres menores. Carecen de atención médica, viven en una casa de cartón prestada. En la región no hay trabajo ni alimentos. Es jornalera agrícola. Piensa irse a trabajar en junio a alguna cosecha de chile, tomate o tomatillo en Chihuahua, Sinaloa, Nuevo León o Zacatecas, pero no tiene dinero para el viaje.

Aunque tendrá que endeudarse, manifiesta que no tiene otra opción para vivir. El periplo no será fácil: en su gremio hay más insultos, maltratos y trabajo, relata. El trayecto a algunos de los campos de cultivo se puede llevar una semana. Durante el viaje sufren de hambre, sed y cansancio. Cuando llegan al campo agrícola se les manda a vivir a ranchos donde sólo hay casas abandonadas y deben pagar renta.

Menciona que su peor experiencia fue cuando en un campo atropellaron y causaron la muerte a su madre. Ni el patrón ni los contratistas la apoyaron para buscar al responsable ni con el funeral ni en el traslado del cuerpo a Guerrero. `En ese tiempo no sabía qué hacer. Quedarme con mi mamá muerta, sola, con mi hermana y sobrinos'. Una organización la apoyó.

La situación no mejora. `Ahora es más difícil, ya no está Sedesol. En los hospitales no nos quieren atender, antes daban medicamentos sencillos para los niños, gotas o suero para los menores con diarrea, pero ahora ya no dan nada, porque el seguro (popular) ya no vale'. No obstante, confía en que los escasos ingresos que obtendrá este año le permitan sobrevivir.

Con salarios de entre 40 y 200 pesos al día, se estima que hay en el país 300 mil jornaleras agrícolas que, además, deben pagar guarderías, no tienen posibilidades de contar con una pensión porque no las inscriben al Seguro Social, y su ingreso sólo les permite cubrir el mínimo de las necesidades familiares del día a día, considera Isabel Nemecio, de La Red Nacional de Jornaleros Agrícolas.

Indica que enfrentan situaciones de acoso o abuso sexual que difícilmente denuncian por la debilidad que prevalece en los mecanismos de justicia para ellas, sobre todo si son migrantes indígenas y no saben leer ni escribir. El trabajo agrícola fomenta la desigualdad y la exclusión de género, que se exacerba por las condiciones de marginación y extrema pobreza de lugares de origen como en los campos agrícolas.

Estima que en el país hay casi 3 millones de jornaleros y jornaleras, mientras que la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo 2018 señala que entre 2005 y 2018 se han agregado a las filas de los asalariados del campo casi 900 mil personas.

Las condiciones de las jornaleras atraviesan bajo un modelo de explotación y desigualdad laboral que se agrava actualmente con la desaparición del Programa de Atención a Jornaleros Agrícolas –que operaba la extinta Sedesol– que si bien requería de ajustes estructurales en sus reglas de operación, permitía que mediáticamente se les visibilizara, señaló.

Vía

https://www.jornada.com.mx/2020/03/09/politica/013n1pol

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