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El hombre que solo coge el tren

Por: Marcus Hurst

«Rara vez he escuchado pasar un tren sin desear ir en él», dijo una vez Paul Theroux. El escritor se recorrió medio mundo subido a uno. Viajó de Londres a Japón por toda Asia, y también la vuelta, en el transiberiano, una experiencia que inmortalizó en su libro The Great Railway Bazaar. Para él siempre será un medio de transporte sin igual para descubrir nuevos lugares. En cambio, cuando el estadounidense se disponía a coger un avión para realizar las otras tantas aventuras que ha hecho a lo largo de su vida, era todo menos complaciente. “Defines un buen vuelo con negativos: no te secuestraron el avión, no te chocaste, no vomitaste, no llegaste tarde, no te produjo nauseas la comida. Así que estás agradecido”.

Mark Smith no tiene las dotes literarias de Theroux pero va camino a convertirse en uno de los mayores defensores del tren para moverse por el mundo. Este británico es el fundador de la web The Man in Seat 61 que, con un millón de visitas mensuales, es quizá la guía más completa para planificar viajes internacionales por ferrocarril.

El hecho de que Smith nunca pise un aeropuerto no le ha robado la oportunidad de visitar medio planeta. Partiendo desde Londres ha podido conocer casi toda Europa occidental, Europa del Este, Albania, Túnez y Marrakech (con ayuda de un ferri), Ucrania, Siria, Jordania, Rusia y Japón (con la asistencia del transiberiano y un barco). La única vez que hizo trampa en los últimos años ha sido cuando fue a Vietnam. “Confieso que me desplacé en avión, pero una vez allí solo me movía en tren”, dice el británico.

Cuando desea visitar Estambul, ni se le pasa por la cabeza revisar una web de reserva de vuelos. Acude a su estación más cercana para coger el próximo tren y llegar cuatro días más tarde a la ciudad turca. Un trayecto que explica detalladamente en su web y que tiene múltiples opciones de ruta por Viena y Bucarest o cruzando los Balcanes y Bulgaria.

Si, en cambio, prefiere el norte de África, se dirige a Waterloo Station, coge el tren a Portsmouth y sube a un ferri con camarote que en 24 horas le deja en Santander. Una vez en la ciudad cántabra, camina diez minutos hasta llegar a la estación de trenes en donde se sube a un Alvia con destino a Madrid. En Atocha cambia de vía rumbo a Algeciras y en el puerto andaluz se sube en el ferri que finaliza su trayecto en Tánger.

Para las personas acostumbradas a la rapidez del transporte aéreo, probablemente les parecerá un proceso demasiado largo y costoso. Una pérdida de tiempo si no fuera porque Smith considera todo esto parte del viaje en el que siempre se reserva la posibilidad de hacer paradas en los distintos puntos del trayecto. “No lo considero un trámite, como cuando te subes en un avión de Ryanair: intentas ignorar lo que pasa a tu alrededor y deseas llegar a tu destino cuanto antes. Se trata de disfrutar del trayecto. No tienes que hacer colas ni pasar por controles de seguridad. Con una copa de vino en la mano puedes mirar por la ventana y contemplar los cambios de paisaje sin caer en una experiencia estandarizada, como los aviones, en los que casi todo es igual. Es una forma elegante de desplazarse sin ningún tipo de estrés”, defiende.

En un mundo en el que el tiempo está cada vez más comprimido y una población europea con un poder adquisitivo diezmado por años de crisis, hay alguna que otra crítica al discurso de Smith por defender un alegato interpretado como elitista. Opiniones que él refuta. “Cada vez que salgo en los medios británicos recibo casi exclusivamente mensajes positivos. Es curioso cómo en el pasado lo glamuroso era coger un avión y ahora es todo lo contrario. Siempre digo que Michael O’Leary es el mejor amigo de mi causa. La experiencia es casi idéntica en cualquier país. No hay diferencias culturales, todo está muy occidentalizado y aburrido. “El tren, en cambio”, continúa Smith, “cada vez tiene más atractivo. El factor económico tampoco es tan diferente si reservas con tiempo. La industria ferroviaria ha copiado el sistema de precios de las aerolíneas de bajo coste y puedes conseguir unos descuentos buenísimos. En los trayectos nocturnos un billete puede costarte menos que una noche de hotel”.

“Igualmente, si tienes que esperar más para conseguir lo que deseas, acabas apreciándolo mayormente. Tampoco se pierde tanto tiempo”, defiende Smith. “Puedo desayunar en Londres, comer en París y llegar a la hora de cenar a Turín en tren de alta velocidad. Hace poco salí de Suiza a las 4 de la tarde, llegué a París a las 7.30 y el viaje terminó en Londres a las 10.30 de la noche. Si tienes en cuenta los trayectos de ida y vuelta al aeropuerto, los controles de seguridad y posibles retrasos, estamos hablando de una diferencia pequeña con el añadido de que estás viajando en plena libertad”.

Viaje a las islas Wight

Desde que tiene uso de razón, el tren siempre ha sido un lugar evocador para Mark Smith. Con 13 años recién cumplidos, se pasó un mes ahorrando la paga semanal que le pasaban religiosamente sus padres para trazar un plan que llevaba tiempo dibujando en su cabeza. La ocasión se presentó cuando sus progenitores le dejaron viajar solo en tren para ir a visitar a su abuela partiendo desde el centro de Londres. En lugar de ir al destino acordado con ellos, “decidí ir un poco más lejos”, y se compró un billete de ida y vuelta a la isla de Wight, uno de los puntos más al sur de Inglaterra.

El disgusto de su familia, tras rescatarlo sano y salvo ese día, no apaciguó la fascinación que sintió durante ese primer viaje en solitario. Fue solo el comienzo de un idilio con este medio de transporte que lo llevaría a ser director de la estación de Charing Cross, London Bridge y Cannon Street en los años 90, algunos de los nodos ferroviarios con más afluencia de tráfico en todo Londres, y más adelante directivo en el departamento de transportes británico.

Smith era asiduo al tren no solo para los viajes dentro de las fronteras británicas, sino también para desplazarse fuera de su país aprovechando el túnel excavado en los fondos del canal de la Mancha. Pero su forma de viajar, relativamente minoritaria, requería mucha preparación previa para lidiar con los múltiples organismos ferroviarios que hacían falta contactar para poder organizar unas vacaciones transcontinentales.

Un día hojeando libros en el quiosco WH Smith se encontró con uno que cambiaría su vida para siempre. Era una guía sencilla para aprender nociones básicas de programación que le costó apenas 3 libras esterlinas. “Es probablemente el dinero mejor invertido de mi vida”, dice Smith hablando sobre lo ocurrido en 2001.

Con esa guía empezó a construir los cimientos de The Man in Seat 61 en el que intenta facilitar la realización de estos viajes. “Lo que suelo decir es que volar en una aerolínea low cost es una pesadilla muy fácil de reservar mientras que desplazarse en tren es maravilloso, pero muy complicado de organizar”.

La industria de las reservas de vuelos ha evolucionado hasta tal punto que hace casi obsoleto el modelo tradicional de agencia de viajes. Reservar un vuelo interno en China es casi tan fácil como comprar un billete de avión entre Madrid y Barcelona. Esta usabilidad no se traduce a la reserva de billetes de tren internacionales. Un problema que Smith, asiduo de este tipo de rutas, se ha encontrado desde que tiene uso de razón. Cuando decide viajar a Estambul en tren desde Londres se encuentra que tiene que lidiar con múltiples organismos estatales y páginas webs. “Tampoco ayuda la Unión Europea que, en vez de buscar la unión de las redes, fomenta la competencia”.

A partir de 2007, el inglés decidió dejar su trabajo en la industria ferroviaria para dedicarse al cien por cien a la web, que se ha convertido en su proyecto vital. “La llamé Man in Seat 61 porque es el asiento que siempre reservo cuando viajo en el Eurostar entre París y Milán”. La página se mantiene con publicidad y Smith se encarga personalmente de contestar todos los emails que le llegan cada día. “Intento facilitar y aclarar dudas a cualquiera que me pida información para planificar un viaje”.

Cada cierto tiempo, Smith edita vídeos en los que relata rutas específicas. Secuencias sencillas con texto corrido en el que nunca se cansa de evangelizar sobre la belleza y magia de los viajes ferroviarios. “Sin controles de pasaporte, ni colas para entrar al tren”, enfatiza en su vídeo del viaje entre Londres y París que lleva ya más de 200.000 visitas. Los trayectos que más interés suscitan a su público (mayoritariamente británico) son Italia y luego España. “Hay mucha gente que busca llegar a estos países de otra forma y convertir el itinerario en parte de la experiencia de sus vacaciones. Además, se está abriendo mucho el tipo de público. Ya no son solo personas con miedo a volar o problemas médicos que les impiden subir a un avión. Empieza a haber una pequeña legión de personas que lo prefieren y otros que lo hacen por razones ecológicas”.

A Smith le divierte mandar dardos a la industria de la aviación y, aunque tiene complicado doblegar una industria tan competitiva y consolidada, “espero que más gente tenga en cuenta el ferrocarril a la hora de irse de vacaciones”. Si no lo consigue con argumentos racionales, tiene recursos emocionales que, según él, jamás tendrán los aviones. “Nunca olvidaré ese viaje que hice a Aleppo en 1995. Partiendo desde Turquía acabé en la cabina de los maquinistas entablando una maravillosa conversación con un hombre que se llamaba Abdullah. Me pedía perdón por el estado de las vías que le impedían superar los 50 kilómetros por hora en muchos trayectos. Nos contamos nuestras vidas y hablamos largo y tendido sobre los trenes. Era el único occidental en un país extraño y lejano. Un viaje que me hizo salir de la burbuja turística. ¿En qué otro medio de transporte vas a tener una experiencia así”.

Los viajes favoritos de Mark Smith

Con centenares de trayectos largos en tren bajo sus espaldas, Mark Smith ha tenido la oportunidad de probar de todo, incluido un viaje de tres días de Norte a Sur en Vietnam y visitar Teherán partiendo desde Londres una semana antes. Suficiente para saber cuáles son sus favoritos. “Si tuviera que escoger tres, lo tendría muy claro. Me fascina el Benina Express que cruza los alpes suizos antes de finalizar su trayecto en el Norte de Italia. Londres a Fort William en los Highlands es lo más cercano a un viaje en crucero que puedes hacer. El paisaje escocés es sencillamente impresionante. Otro de mis favoritos es el viaje en tren de Chicago a San Francisco operado por Amtrak”.

Vía:

https://www.yorokobu.es/el-hombre-que-solo-coge-el-tren/

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